En la naturaleza, hay acontecimientos tan poco frecuentes que merecen contarse. Hace apenas unas semanas, una de nuestras vacas Sayaguesas sorprendió a todo el equipo de Dehesa Almariego con un parto de trillizos, algo que ocurre —según las estadísticas— una vez entre cien mil partos en razas rústicas, de carne y manejo extensivo.

Lo más extraordinario no fue solo el parto en sí, sino que los tres terneros nacieron con vida y se están criado perfectamente, fuertes y sanos, siguiendo el ritmo tranquilo de la dehesa. Para evitar estrés a la madre y asegurar el bienestar de todos, uno de los terneros permanece con ella y mama directamente, mientras que los otros dos están siendo alimentados a base de biberones por nuestro equipo.

Un trabajo paciente y constante, pero también una de esas experiencias que nos recuerdan la esencia de la ganadería tradicional: cuidar, acompañar y respetar los ritmos de la naturaleza.

La raza Sayaguesa, rústica y de gran instinto maternal, está acostumbrada a criar un solo ternero por temporada. Su adaptación al medio y su equilibrio natural hacen que los partos múltiples sean excepcionales. Apenas uno entre cien partos es de gemelos. Y de trillizos, aunque no hay casi datos se estima que puede ser uno entre cien mil,  Por eso, este caso nos recuerda la fuerza de la genética, la importancia del bienestar y la sabiduría de la naturaleza, que de vez en cuando rompe sus propias normas para sorprendernos con eventos singulares como este.

En Dehesa Almariego trabajamos cada día para mantener el equilibrio entre la tradición ganadera, el respeto por la raza autóctona y la vida en libertad de nuestros animales.

Y a veces, la naturaleza nos devuelve momentos únicos como este: tres terneros Sayagueses, nacidos juntos, creciendo bajo las encinas.